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Confusiones de Confucio por Sofia Lana Frenchilla

“Si no puedes alcanzar tus metas, no las cambies; modifica tus acciones.”

A veces alcanzar una meta no se trata de trabajar duro por lograrlo. A veces, simplemente, consiste en creer en uno mismo y en no ponerse trampas en el camino.

Nuestras acciones dependen de muchos factores, pero a veces se nos olvida uno de los más importantes: la confianza en uno mismo. Sin esta es posible que renuncies a tus metas, incluso sin darte cuenta, por el mero hecho de creer que no las mereces.

Hace unos días se abría un melón en Factoría: el síndrome del impostor. Yo hasta hace un año no lo conocía, pero el día que supe que existía mi propia existencia tuvo mas sentido, ya no me creía un fraude.

Sentir que las cosas que haces o tus capacidades son algo al alcance de todos es el primer indicio de que padeces síndrome del impostor o del fraude.

Querido yo, hoy toca estar tristes por Virginia Huidobro Pelayo

 

Querido yo, hoy toca estar tristes.

 

Virginia es a veces esa chica sonriente que aparece en la foto, pero otras (y más últimamente) está aprendiendo a lidiar su relación con la tristeza y la ansiedad. Es una relación que en Facebook clasificaría como “es complicado”. Con la ansiedad llevo liando muchos años y la relaciono con la lucha que se produce entre cabeza y corazón, o lo que yo identifico como “el querer y el deber”. No soy psicóloga, ni una experta en el tema, pero llevo años intentando entender quién es Virginia, qué quiere hacer realmente.

Cantar en la hoguera: Ensayo breve sobre las posibilidades del Idealismo por Maximilià Bogunyà

El idealismo es una escuela de pensamiento filosófico donde Platón y Hegel son los máximos exponentes. Sin embargo, el significado coloquial del concepto refiere al conjunto de ideas y creencias de una persona. Es más, solemos decir que una persona es idealista cuando, motivada por un noble deseo de hacer el bien y contribuir a la sociedad, hace todo lo posible por convertir este mundo en un lugar mejor para todos.

Siendo ésta la percepción general sobre el idealismo, sería de esperar que toda persona optara por vivirlo. Basta con echar un vistazo a nuestra sociedad para entender que no es así. No todos se esfuerzan por contribuir proactivamente en la construcción del bien común. Ésta es una constatación sorprendentemente dolorosa de la que surge, necesariamente, una pregunta: ¿Si el idealismo, entendido como deseo de hacer el mayor bien posible, es connatural al ser humano, por qué una amplia mayoría no lo vive?