Opiniones válidas, pero, ¿valiosas?

Si estáis leyendo este post me voy a permitir asumir que sois personas curiosas, que os gusta aprender y que en ratos libres os gusta informaros sobre temas variados. En mi caso, por ejemplo, me encanta informarme sobre temas de política nacional e internacional, sobre ciencia, sobre tecnología y sobre historia. Como ya sabréis hay mil formas diferentes de informarse sobre los temas que nos interesan, desde periódicos hasta informativos de televisión, pasando por charlas, libros, debates y otros tantos formatos interesantes donde aprender y expandir nuestro conocimiento.

En internet está todo menos el brillo de ojos

Un viernes de hace no demasiado volví a ese lugar del que hablo cuando digo que vuelvo a casa, a la calle donde mis hermanos y yo crecimos jugando. El día anterior habíamos tenido en Factoría una sesión sobre innovación en la que Andrea nos propuso resolver acertijos. Cleopatra y Marco Antonio sin vida. Un perro. Cristales en el suelo. No sé si pusimos en marcha el pensamiento lateral – principal objetivo de la actividad -, pero inventamos historias dignas del próximo drama de la gran pantalla. El tiempo limitado de la sesión me dejó con ganas de más así que ese viernes, en casa, utilicé la sobremesa de la cena para embarcar a mi familia en el proceso creativo. Las respuestas veloces y brillantes de mi hermana me hacían dudar si de verdad no conocía los acertijos con anterioridad. «Venga, Cristina, otro más», suplicaba. Y yo recitaba el siguiente mientras mi padre todavía meditaba qué narices hacía aquel hombre empujando un coche. Una vez habíamos dado con todas las soluciones y puesto fin a la velada, reflexioné que Factoría no es solamente para uno mismo, sino que también es, de alguna manera, para aquellos que nos rodean. Al día siguiente, mi hermana les contó a mis tíos qué es el pensamiento lateral y les regaló los acertijos. Días después, hizo lo mismo con amigos.