Vocaciones, pasiones y viceversa

La vocación -o cómo convertir aquello que amas por encima de todo en tu modo de vida- es algo bastante subjetivo. Hay personas que pasan años, muchísimos años, intentando alcanzar ese propósito vital para sentirse completamente realizados. Porque las piezas de “lo que te gusta” y “lo que se te da bien” no siempre acaban encajando: a veces ni siquiera forman parte de un mismo puzle. Pero, ¿puede en realidad lo que denominamos vocación definir a un ser humano? ¿Qué aspectos condicionan el concepto de talento, aquello para lo que estamos naturalmente dotados?

¿Celebramos la diversidad?

El Myers-Briggs Type Indicator (MBTI) introduce cuatro aspectos dicotómicos de preferencias en nosotras. Estos aspectos no son absolutos, sino que posicionan el resultado en un espectro. La razón por la que utiliza preferencias y no rasgos definidos, es porque no considera que sean aspectos definitivos, sino que fluctúan a lo largo de la vida, la cultura, y las experiencias, sobre una base innata.

El mundo es un desastre (de momento)

Debo admitir que me cuesta un poco transmitir a través de palabras un concepto que es tan inherente a mí. Conforme hago una lluvia de ideas, intentando ordenar mis pensamientos para elaborar frases que tengan sentido, me fijo en el bolígrafo con el que estoy escribiendo. Estampado sobre amarillo se lee: “El mundo puede cambiar, pero no va a cambiar solo”; y es que realmente solo hace falta escuchar la radio, leer un periódico o encender la televisión para darse cuenta de todas las desgracias e injusticias que nos rodean y ver que el mundo necesita un cambio. Quizás lo lleva necesitando mucho tiempo.