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«EL FRACASO», por PABLO VINOGRADOV

Permíteme ahora que seguro he llamado tu atención, decir que mucho menos impacto tiene el éxito en nuestro recuerdo cuando lo comparamos con el fracaso, en nuestras mentes si escuchamos “he creado una empresa de éxito” será totalmente distinta la atención y reacción a si decimos “he tenido un fracaso”. ¿Cómo es posible que en la sociedad, una simple palabra provoque un rechazo tan increíble? ¿Es por ello, que quizá se haya menospreciado el fracaso hasta convertirse en una palabra tabú?

Siempre intento que mi vida sea sinónimo de lo que creo que es lo correcto, y por supuesto, lo mejor para mí y los que me rodean. Claro está que se puede uno equivocar alguna vez pero por regla general, todos buscamos vivir bien, confortablemente, con tranquilidad y con posibilidad de ser libres en nuestras decisiones. Es en este último punto, donde quizá creo que proviene ese equivocado rechazo para mí de esta preciosa palabra.

Está claro que la frustración de no haber conseguido una determinada acción, desarrollo u cualesquiera otra meta pesa mucho sobre nuestras conciencias, sin embargo, en esa ficticia balanza deberíamos fijarnos en las cosas que nos han hecho crecer y desarrollarnos más y mejor siempre. El “fracaso”, para nada creo que recorte nuestra libertad o posibilidades, sino más bien al contrario, enriquece nuestras cualidades y capacidades cada vez. Por ello, resulta curioso que el vocablo del que todo el mundo huye o intenta ocultar sus experiencias, resulte tremendamente importante vivirlo, puesto que sin fracasos vamos a estar cada vez más cerrados en lo que podríamos llamar “zona de confort” con el peligro que ello conlleva porque dejamos de tener experiencias nuevas y de arriesgarnos (siempre desde la lógica, quien no arriesga no gana).

De todas las compañías y proyectos en los que he participado, siempre me he llevado personas geniales, oportunidades inimaginables y un “know-how” impresionante, aunque pudiera ser que al principio, si hubiera sabido a lo que me tenía que enfrentar no hubiera participado en ellos y por tanto hubiera reducido mucho mi zona confortable, así como no hubiera aprendido ni la mitad de lo que puedo conocer ahora y por ello ser más productivo, rentable y eficiente. Estas son las cosas que debemos valorar más, cosas que no se aprenden en clase y que nunca se van a aprender, se aprenden en el transcurso de un momento en el que somos capaces de valorar de verdad lo que hay más allá de lo que esperamos y queremos en cada momento sea por capricho o necesidad.

Factoría de Talento, es sin duda uno de esos lugares especiales donde puedes tener la certeza de que tirarse a la piscina no tiene porque suponer un planchazo, detrás de ese salto se esconden muchas más cosas siempre positivas independientemente del resultado. Un lugar donde ves que siempre se puede mejorar y desarrollar cada aspecto de nosotros mismos conjuntamente con gente maravillosa, y como no, con un liderazgo real aplicado a todas las facetas de nuestra vidas.

En definitiva, no existe éxito sin fracaso y viceversa, siempre será un “win-win”, ello me motiva a que nunca hay que dejar de crear, innovar y en definitiva de dejar huella en la sociedad, cualquier proyecto o iniciativa propia merece la pena solo por el fracaso que se puede obtener, y que este no significa que llegaremos a un lugar donde no podremos volver atrás o donde perderemos lo que teníamos, ni tan siquiera hay que verlo como un problema, puesto que hay problemas que se pueden resolver, con lo cual no son un problema y hay otros que no tienen solución, con lo cual tampoco son un problema.

No ser perfecto no es sinónimo de ser un fracasado, es lo contrario ¿No creéis?

¡Vaya reflexiones veraniegas que nos traes, Don Pablo! Ya tenemos un poquito de qué pensar, entre baño y baño…