Es caprichoso el azar

Cuando Zeus quiso castigar a la humanidad enviando a Pandora a la Tierra, cuenta la leyenda que la dotó del más terrible de los dones: la curiosidad. Y es que ya lo decía el refrán: “la curiosidad mató al gato”. A mí no me llegó a matar, pero apunto estuvo, porque cuando era pequeño la curiosidad me llevó a meter los dedos en un enchufe, a ver qué pasaba. Quizás este hecho y los cuatro cafés que bebo al día expliquen por qué soy tan nervioso. Pero la curiosidad nos ha guiado en muchas otras ocasiones. Acércate a una ventana y mira al cielo. Busca unas luces parpadeando, sí, eso que llamamos avión.  Sin la incansable obsesión del ser humano por conocer, por descubrir, por explorar, prácticamente nada de lo que hay en este momento a tu alrededor existiría.

Creo que hay palabras que por alguna razón aparecen de forma repetida en nuestra vida. Hay innumerables que revolotean traviesas y podrían marcarnos, pero sólo unas escogidas hacen realmente mella en nosotros. En mi caso, las palabras “curiosidad” y “serendipia” gozan de un lugar privilegiado.

Se define serendipia como la capacidad de hacer un descubrimiento de manera fortuita en la vida. La penicilina es uno de los ejemplos más icónicos. Ahora bien, ¿cómo de casuales son realmente esos descubrimientos? Tendemos a creer que el azar juega un papel fundamental en nuestra vida, pero creo que sobrevaloramos su influencia. No sólo hace falta estar en el lugar y en el momento adecuado, sino que hay que tener la formación y el conocimiento para entender qué está sucediendo, la curiosidad para investigar, la valentía para tomar partido y sacarle provecho y la disciplina para analizar y actuar de la manera más adecuada posible. Y todas esas cualidades no son algo innato al ser humano, sino fruto del esfuerzo y la dedicación en muchos ámbitos personales y profesionales a lo largo del tiempo. Así pues, ¿cómo de casual es el descubrimiento del erudito que lleva muchos años experimentando? Dejo la respuesta a gusto del lector.

Hace poco escuché a Groucho Marx decir “pasé tanto tiempo escribiendo la crítica que nunca me dio tiempo a leer el libro” y me hizo reflexionar sobre qué es lo esencial en mi vida y por qué metas quiero luchar. ¿Y saben a qué conclusión llegué? Que aparte de las respuestas claras como mi familia o amigos, no lo sabía. Pero me propuse averiguarlo. Para conseguirlo utilizaría una receta bastante sencilla: varias píldoras de curiosidad al día. Abrirse a nuevas experiencias y probarse en entornos que nunca se han vivido. Aprender aquello que no se sabe y reforzar aquello que se puede mejorar. Eliminar aquello que sobra y descubrir una nueva y mejor versión de uno mismo. Desarrollar aquella habilidad que siempre deseaste o descubrir una nueva que nunca supiste que tenías.

Total, puede que en un futuro tengas “suerte” y de manera “casual” alcances tus sueños. Mientras tanto, la esperanza seguirá en la caja y la curiosidad, en nuestro ADN.

 

 

Escrito por: Manolo Ruiz, integrante de la comunidad de Talento Universitario