El arte de las musas por Miguel Armendáriz

Hola estimado lector o lectora, antes de entrar en tema quiero que me conozcas un poco. Me llamo Miguel, tengo 22 años y llevo tocando el piano desde los 7. Me defino como una sinfonía inacabada, una obra que necesita de una gran variedad de instrumentos para ser interpretada y que aún le queda mucho por aprender y experiencias por vivir para que concluya. Los diferentes instrumentos que componen la orquesta representan los diversos componentes que me definen y llevo conmigo, así como los movimientos que ya están escritos simbolizan mis vivencias pasadas y presentes. Como habrás podido adivinar, la música, la gran protagonista de este escrito, es una de las cosas más importantes de mi vida y, con este artículo, quiero compartir contigo lo que esta significa para mí. ¿Te animas?

Música, la consumimos diariamente como un alimento más. Nos transmite y podemos comunicar con ella, canalizamos y nos ayuda a canalizar lo que hay dentro. ¿Alguna vez la has visto como un reflejo instantáneo de la persona, del momento o del lugar? Y es que, ese reflejo, nos da mucha más información de la que pensamos sobre nosotros mismos y el entorno. La música, como la vida o los sentimientos, sube y baja, puede ser alegre o triste, puede dar fuerza o relajar, puede ir rápida o lenta, puede ser dulce o agresiva, puede tener pausas o no…

Por eso, la biblioteca de Spotify de una persona y su historial de reproducciones, así como las partituras preferidas del repertorio de un músico y sus composiciones, probablemente puedan definir con bastante precisión su personalidad o emociones en diferentes etapas o momentos de su vida. Te invito a que la próxima vez que vayas a escuchar una canción te hagas las siguientes preguntas. ¿Por qué me apetece escuchar esto ahora? ¿Qué es lo que hace que prefiera este tipo de música sobre otros? ¿Qué resuena dentro de mí al oír esta melodía? ¿Es un reflejo de cómo soy o cómo me siento? En el caso del músico esto va más allá. Durante el trascurso de los años, me he dado cuenta de que tocar el piano me evade, canalizo lo que llevo dentro con él, hablo con un lenguaje diferente. Lo que más me sorprendió al reflexionar sobre esto es que la gente te entiende, ve lo que transmites y reacciona a lo que expresas. Se crea una magia comunicativa sincera donde las palabras pasan a un segundo plano. La música es un idioma universal que no necesita más que de alma para su entendimiento.

Por otro lado, nos acompaña. Me gusta decir que vivo con banda sonora. Una banda sonora, como la de una película, es el conjunto de canciones que completan una historia y, ¿qué es la vida si no una historia? La música no solo es un espejo donde se puede entrever nuestra personalidad o emociones, también nos evoca recuerdos, momentos que son definidos por una melodía concreta e incluso puede despertar sentimientos que se creían bien anestesiados. Esas canciones nos acompañan en nuestro camino, definiendo y complementando momentos, lugares y personas. Te animo a que recuerdes momentos clave de tu vida e intentes recordar las canciones que iban a tu lado en aquellos momentos. ¿Podrías crear una playlist titulada “mi vida”?

En definitiva, la música es para mí un sinónimo de reflejo, compañera de camino y canal de expresión puro y sincero. Necesariamente, viene ligada a alma y transmisión de emociones. Si no, no estaríamos hablando de música, hablaríamos de notas vacías o simple ruido. Por último, me gustaría mencionar que etimológicamente la palabra tiene su origen en el griego “moysikós” o “arte de las musas. Y ya eran listos pues, como ellas, la música tiene su magia.

Miguel es participante de la 7 edición de Factoría, además de una sinfonía inacabada como nos cuenta en este texto, también se define como un senderista: un caminante que anda y que, a cada paso que da, va haciendo más grande su mochila. ¡Gracias por compartir tu mochila llena de notas musicales con nosotros!