Dime quién eres y sabré quién soy

Hace poco leí que, después de la emisión de la serie Gambito de dama, la Federación Internacional de Ajedrez había recibido más solicitudes de ingreso de mujeres en unas pocas semanas que en los últimos años.

El efecto que nuestros referentes tienen sobre nosotros es un tema que ni siquiera Hollywood ha explotado completamente; pero hoy no quiero hablar de estrellas, ni de genios del ajedrez, ni de quién dirigirá mañana el país más grande del mundo. Lo que quiero es hablar de personas como tú y yo.

Un día, en el marco del proyecto «Comunidad de Talento Universitario», se me asignó una mentora. «Qué guay« pensé, «seguro que me puede contar sus logros y sus historias, seguro que podrá darme consejos; seguro que voy a ser su joven padawan y me empoderará, me dirá lo que debo hacer para conseguir mis objetivos…».

Para mi fortuna, estaba totalmente equivocada. Lo que hicimos Bea y yo fue contarnos nuestros fracasos, nuestras debilidades, nuestras reflexiones y nuestras motivaciones. Y también nos contamos las veces que nos habíamos equivocado y lo que habíamos aprendido de esos errores.

Conocí a Bea en un momento de cambio vital, el momento en el que yo dejaba la universidad para entrar en el mundo laboral. Sí, empezaba en mi primer trabajo y comenzaba a experimentar la presión que nosotros mismos nos ponemos al entrar en un ambiente tan serio. Puedo decir también que la conocí en un momento en el que aún no sabía cuánto necesitaba un referente, no sabía hasta qué punto es importante encontrar a alguien que no solo te diga que ha estado ahí, que te explique su experiencia, que te cuente que se ha equivocado como tú, que ha tenido miedo y que de todo se sale.

Qué importantes son los referentes en la vida, no solo para ganar un mundial de ajedrez en Rusia o para convertirte en presidenta de los Estados Unidos, sino también como ayuda para lidiar con los aspectos más personales e íntimos de nosotros mismos. Tener un referente no solo te ayuda a crecer y a aprender, sino que también te obliga a aceptar quién eres, el momento en el que te encuentras y los miedos que sientes.

Para identificarte con alguien debes aceptar primero que te encuentras en su situación, que sientes el mismo miedo, las mismas dudas.  Aun así, creo que el mayor valor de los referentes está en su capacidad para empoderar incluso cuando están ausentes, porque entonces tu única opción es convertirte en uno. Tu propio referente.