Repartir los vértigos
“Perdón, estoy nerviosa”: es posible que sea la frase que más repetí durante el proceso de selección. Es posible también que seamos muchos (a esta edad, a cualquiera, a todas) los que nos dejamos dominar por la inseguridad, la vergüenza, el miedo a la exposición. Todo es más fácil cuando entiendes que sois varios los que vivís con un poco (o un montón…) de nervios a la vida, que nadie os mira o que el resto detecta y juzga antes sus detalles que los vuestros. La teoría puede leerse y te la pueden contar. La práctica, la gente y el lugar para conocerlo, conocerte y conoceros está en Factoría.
En la primera sesión con Pablo (sobre Proactividad) hicimos un ejercicio bonito en relación a esto. Nos costó llegar en frío al objetivo, pero dimos con claves importantes. Separados en grupos de tres o cuatro, nos teníamos que contar “una intimidad”. Hacía menos de un mes que conocía a las chicas que tenía delante y no se me ocurría qué inventar para hacer el check de haber hablado. No hizo falta. Primero compartimos nuestra visión del programa: todas estábamos muy cómodas con el grupo, las horas pasaban rápido y eran dinámicas, nos parecían interesantes los temas sobre los que aprendíamos y a los que no habríamos llegado por nuestra cuenta jamás… Todo verdad, pero todo superficial. Unos silencios después, una de nosotras dijo: “me gustaría sentir menos timidez a la hora de participar en las conversaciones”. Bastó un segundo, atreverse a expresar eso, para darnos cuenta todas que teníamos en común algo fuerte en lo que nos sentíamos solas. Compartir miedo lo hizo menos miedo. Todas nos veíamos a las demás, desde fuera, con una fuerza envidiable, divertidas y abiertas. Desde dentro, cada una, minimizaba su talento y se sentía pequeña frente al resto. Contarnos las perspectivas amables de las otras, confesar que a nosotras nos pasa un poco lo mismo y que pensábamos que era un tema individual, es algo que solo he hecho en Factoría y que agradezco mucho.
Creo que aquí estamos aprendiendo a vernos bonito. También a detectar nuestras juergas interiores y así saber manejar, a nuestro ritmo, una manera de estar presentes en nosotros de forma sana. Somos una edición de gente muy diversa que tiene en común puntos muy vitales. Hemos tenido suerte de coincidir. Encajamos fácil, nos interesan las preocupaciones de los demás, nos gusta escucharnos y las tardes son cortas porque conectamos todos de formas especiales.
Llegué a Factoría por recomendación de un amigo que supo que en este momento vital tan raro postuniversitario (en el que las relaciones sociales, el autoconocimiento y el descubrir lo que hay fuera bailan tanto) me iba a venir bien encontrar este viaje. Todavía me quedan unos meses de experimentación aquí y la buena pinta de todo crece con cada jueves, cada conversación y cada persona. Gracias.
Escrito por Mariana Martín Moreno, participante de la 13ª edición de Factoría de Talento.